1 Corintios 6:1-11

Ahora Pablo reprende a los corintios porque llevaban a sus hermanos ante el tribunal humano y ante paganos (1-6). Sería mejor sufrir pérdida que traer los problemas de la iglesia ante jueces paganos (7, 8). Si esto hacemos, o si practicamos continuamente cualquier otro pecado, seremos excluidos del reino eterno de Dios (9, 10).
Pero aunque en un tiempo, algunos corintios fueron graves pecadores, Dios los salvo (11). Hay algunas cosas que son legales pero no son convenientes (12). Debemos mantener limpios nuestros cuerpos porque nuestro cuerpo es para el Señor (12-14). Nuestros cuerpos son partes del cuerpo espiritual de Cristo, y ese cuerpo no debe ser contaminado. Si cometemos fornicación pecamos contra nuestro propio cuerpo que en realidad es propiedad del Señor (15-20).

Versículo 1
Dios había enseñado a los hebreos bajo el Antiguo Testamento que resolvieran sus diferencias entre si. Existía un estatuto para todos los Israelitas que si un israelita tenía causas contra otro, no debían proseguir el asunto ante gentiles (Bruce). Los judíos tenían que resolver sus disputas civiles ante sus propios tribunales. De la misma manera, el cristiano no debe traer los problemas de las congregaciones ante las autoridades civiles.

Fue parte de la sociedad griega, ocuparse de pleitos unos contra otros. Barclay dice: “Los griegos fueron naturalmente gente litigiosa. De hecho, los tribunales fue uno de sus entretenimientos principales. Los griegos son notorios porque les encantaba tanto ir a juicio.”

Ya que Corinto fue una iglesia Griega, no es sorprendente que la gente trajera consigo a la iglesia esa tendencia de tomar parte en pleitos. Pablo estaba completamente abrumado de tal conducta y les pregunta: “¿Cómo se atreve alguno de ustedes que tiene pleito contra otro pedir justicia a los jueces paganos y acudir a las cortes paganos, en vez de acudir a otros cristianos para determinen quién tiene razón?”

Versículo 2
Ahora Pablo hace la pregunta “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” La frase “O no sabéis” se encuentra diez veces en el libro de Corintios y se refiere una verdad importante que sabían pero que habían desatendido (1 Corintios 3:16; 5:6; 6:2, 3, 9, 15, 16, 19; 9:13, 24). Parece que los corintios habían olvidado que los santos juzgarán al mundo. ¿Cómo juzgará el santo al mundo? En el día final, los santos fieles serán exaltados y premiados. El ejemplo de fe de esos santos será una reprimenda para el mundo. En esta manera condenamos o “juzgamos” al mundo. Condenaremos al mundo tal como Noé “condenó al mundo” (Hebreos 11:7). Todo ser humano en el día de Noé, tenía la misma oportunidad de obedecer a Dios que Noé. Pero él escogió servir a Dios, y ellos escogieron vivir en pecado. En el día de juicio, la conducta de los santos será tan superior a la del mundo que reprenderá o “juzgará al mundo”. En Mateo 12:41, 42, el Señor Jesús dice que en el día del juicio, Ninive “condenará” a esa generación “porque ellos se arrepintieron” ante la proclamación de Jonás. En el juicio, si alguien empieza a poner excusas por no obedecer al Señor, Cristo puede apuntar su dedo en nuestra dirección, y decir, “Ellos me obedecieron ¿por qué no me obedeció usted?”, y así por nuestra conducta juzgaremos al desobediente.

Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar pleitos tan pequeños? Si juzgaremos al mundo un día por nuestra conducta, ¿por qué entonces no resolvemos entre nosotros los pequeños litigios?

Versículo 3
Ahora pregunta, “¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” En el día final juzgaremos a ángeles malignos por nuestra conducta. Si nosotros como criaturas humanas podemos obedecer a Dios, Dios esperaría que una criatura superior a nosotros pudiera obedecer sus leyes. Sin embargo, “los ángeles que pecaron” los ha “arrojado al infierno en prisiones de oscuridad, a ser reservados para el juicio” (2 Pedro 2:4). Si un ángel trata de excusar su desobediencia, Dios simplemente tendrá que señalarnos con el dedo y decir, “Si estos seres humanos, que son tan inferiores a ustedes los ángeles, podían obedecerme, ¿por qué no me obedecieron ustedes?” y así de esta manera juzgaremos a los ángeles por nuestra vida piadosa.

Si juzgaremos a ángeles, podremos muy bien resolver las pequeñas dificultades terrenales sin ir a juicio con otros cristianos ante jueces incrédulos. Estaban dejándose ser juzgado por aquellos que un día juzgarían ellos mismos.

Versículo 4
Cuando surge un pleito sobre las cosas de esta vida, como la propiedad, en vez de acudir a jueces paganos ¿no sería mejor poner por jueces a los miembros de la iglesia de menos estima? En su sabiduría divina, Dios ha escogido lo vil y lo menospreciado del mundo y lo ha exaltado a ser parte del reino eterno de su Hijo. Es por eso, que Pablo dice que aun el miembro que consideremos más insignificante, es más capaz de resolver problemas en las iglesias que un juez pagano. Es nuestra responsabilidad juzgar a los pecadores que están dentro de la iglesia (1 Corintios 5:12).

Versículo 5, 6
Pablo escribió estas cosas para que se avergüencen y reformen su conducta. Y en verdad es vergonzoso llevar a nuestros hermanos en Cristo ante tribunales paganos para resolver nuestros desacuerdos. En 1 Corintios 15:34 les dice otra vez, “Digo esto para que les dé vergüenza”.
¿Es que no hay nadie en la iglesia que sea lo suficiente sabio para resolver las disputas? Los corintios se creían tan sabios en asuntos de este mundo, pero podía encontrar ni uno suficientemente sabio para llegar a una decisión justa entre hermanos que disputaban.

Los cristianos estaban entablando acción judicial unos contra otros. ¿Debe un cristiano demandar a un hermano en la fe delante de los incrédulos? ¡Qué vergüenza! Debe escoger a hermanos dentro de la iglesia para resolver el asunto por medio de arbitraje.

Versículo 7, 8
Tener pleitos es una falta que tenían los corintios. Es un defecto cuando no trabajamos por la paz, cuando falta amor fraternal, y cuando no tenemos confianza mutua. Cuando llevamos nuestras disputas ante las cortes judiciales, sin importar quien gana el pleito, todos sufrimos derrota. “El hecho mismo de tener pleitos entre ustedes significa que ya han sido completamente derrotados” (NVI).

¿Por qué no mejor soportar la injusticia? Cristo nos enseña a soportar la injusticia en Mateo 5:39: “Pero yo os digo: No resistáis al malo. Más bien, a cualquiera que te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
¿Por que no, mejor, dejar que nos defrauden y roben? Sería mejor sufrir la pérdida de propiedad, que tener un pleito. Cristo nos dice: “Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto” (Mateo 5:40). Es mejor sufrir pérdida, que estar continuamente peleando.
Pero en vez de soportar maltrato con paciencia y alegría, ellos mismos cometían agravios y defraudaban a otros hermanos. ¡Maltrataban y robaban hasta sus propios hermanos! Tiene que ser un hombre malvado que maltrata a su propia carne y sangre. Cuando oímos que un padre o madre mata a su infante, o que un niño mata a sus padres, es un crimen atroz, porque el padre o hijo tenía que cortar las cuerdas más cariñosas para cometer un acto de esta clase. ¡Somos hermanos! Y cuando nos maltratamos es un crimen especialmente atroz.

Versículo 9, 10
Los que actúan de una manera contraria a justicia, los que maltratan a sus hermanos no heredarán el reino de Dios.
Nuestra herencia es el cielo, pero si cometemos injusticias, no tenemos derecho a la herencia de la familia. La herencia es para los hijos fieles de Dios (Romanos 8:17; 2 Pedro 1:11).
No erréis” sería mejor traducido, “No se dejen engañar.” Se está engañando si cree que puedes vivir en pecado y entrar ese reino celestial (Gálatas 6:7). No podemos hacer mal y escapar el juicio de Dios.

Este pasaje nombra diez clases de transgresores que serán excluidos del reino eterno de Dios.

Fornicarios — Esto describe toda clase de relaciones ilícitas. El hermano que dormía con la esposa de su padre fue fornicario (1 Corintios 5:1) y es necesario excluirlos de la comunión de iglesia si continúan viviendo en ese pecado (1 Corintios 5:10). El hombre y mujer que viven juntos sin la unión legal del matrimonio son fornicarios.

Idólatras — En esta lista, la idolatría se encuentra entre la fornicación y el adulterio, porque la idolatría generalmente fue acompañada por la inmoralidad sexual. En la ciudad de Corinto, existían varios templos paganos. En el templo de Apafradito, vivían mil prostitutas públicas, siempre listos para cometer inmoralidad sexual como acto de adoración a la diosa del amor. Fue difícil para los corintios mantener una vida pura en una ciudad tan corrupta. Aunque hoy día no adoramos a ídolos literales de plata y oro, la idolatría todavía existe. Cuando nuestra vida está centrada en el materialismo, fantasías sexuales, hemos elegido ídolos en nuestros corazones (Ezequiel 14:3). Los dioses de muchos en nuestro día son el dinero y el sexo.

Adúlteros — El adulterio es la infidelidad conyugal. Cuando el hombre casado o soltero tiene relaciones ilícitas con una mujer casada comete adulterio. El adulterio roba al hombre del cariño de su esposa. Hebreos 13:4 dice: “Honroso es para todos el matrimonio, y pura la relación conyugal; pero Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros”.

Afeminados — Esta palabra también se encuentra en Mateo 11:8 y Lucas 7:25 donde es traducido: “delicado”.

Según MacKnight, un afeminado es el compañero pasivo en la sodomía. Estos malvados que sufrían este abuso. . . fingía la vestimenta y conducta de mujeres”.

Los que se echan con varones — los homosexuales. Hay iglesias hoy día que condonan este pecado, y algunos han ordenado homosexuales al ministerio. La homosexualidad fue el cáncer en la vida griega que invadió a Roma y causó su destrucción. Catorce de los primeros quince emperadores romanos practicaban la homosexualidad. El Emperador Nero castró y se casó con un muchacho llamado Sporo, y lo reclamó como su esposa, y al mismo tiempo se casó con Pythagoras y lo llamó su esposo. Este pecado fue una de las causas principales que causó la caída de la civilización Romana (Coffman). El homosexual elige cometer este acto, no nace homosexual, como algunos afirman. Pablo dice en Romanos 1:26 dice que la homosexualidad es “contra naturaleza”.

Ladrones — Algunos piensan, “El es rico. No le hará falta el dinero. Pero soy pobre, y lo necesito.” Pero no importa como lo justifica, robar es pecado.

Avaros — El codicioso — el hombre con el deseo inmoderado o amor para el dinero. Es la pasión de ser rico. Los pobres que anhelan hacerse rico son avaros. El rico que guarda su dinero y lo ama tanto que no la utiliza en el servicio del Señor también es avaro.

Borrachos — ¿Quién puede olvidar la descripción gráfica del borracho en Isaías 28:7-8? “Estos han errado a causa del vino, y han divagado a causa del licor. . .han sido confundidos a causa del vino. . .han errado en su visión y han titubeado en sus decisiones. Todas las mesas están llenas de vómito repugnante, hasta no quedar lugar limpio”.

El abuso del alcohol ha causado muchas tragedias humanas. Jerry Moffitt dice: “64% de los asesinatos son relacionados con el alcohol. 30% de todos los suicidios y 50% de los choques fatales de carros debido al alcohol”.

El cristiano debe abstenerse del alcohol en absoluto y no darle lugar alguno en su vida. El alcohol trae maldición para todo aquel que lo toma.

Maldicientes — El maldiciente es un hombre que abusa a otros con palabras crueles, amargas, y severas. Dios dice: “Al que solapadamente difama a su prójimo, a ése yo lo silenciaré” (Salmo 101:5). Hoy día hay padres que abusan a sus hijos con palabras severas (Col.3:21). Pero el cristiano nunca debe maldecir a nadie, aun a sus enemigos (Mateo 5:44).

Estafadores — El estafador es un ladrón “de oficina”. Es uno que se apodera de lo ajeno con engaño. Por ejemplo, si prestamos dinero a un hombre en gran apuro, y le cobramos un interés exorbitante, estamos estafando (Proverbios 28:8)

Tales persones no heredarán el reino de Dios.

Versículo 11
“Y esto erais algunos”. Todo ser humano sobre la faz de la tierra es pecador, y por medio de la predicación del evangelio, algunos han sido convertidos a Dios. Algunos de nosotros éramos borrachos, codiciosos, y fornicarios, pero esto es lo que éramos. Ya no. Sin embargo, es triste que algunos cristianos todavía vivan sirviendo el pecado. Pero debemos recordar que estas cosas hicimos en nuestra “antigua manera de vivir” y que ahora es tiempo de despojar del viejo hombre (Efesios 4:22). Pablo dice que “esto erais algunos” en otro tiempo.

“En ellas anduvisteis también vosotros EN OTRO TIEMPO cuando vivíais entre ellos” (Col.3:7).

“Porque EN OTRO TIEMPO nosotros también éramos insensatos, desobedientes, extraviados”.

“En los cuales anduvisteis EN OTRO TIEMPO, conforme a la corriente de este mundo” (Efesios 2:1).

“EN OTRO TIEMPO todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente” Pero ahora no Efesios 2:3).

“EN OTRO TIEMPO erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. ¡Andad como hijos de luz!” (Efesios 5:8).

¡YA NO! Más YA hemos sido “lavados, santificados, y justificados.” Al usar estas tres palabras, Pablo describe tres aspectos de nuestra salvación

1. A causa de la suciedad del pecado, Cristo nos ha “lavado”. Fuimos “impuros de cuerpo y de espíritu”, pero por medio del bautismo en agua, nuestra alma fue limpiada de todo pecado. Ananías dijo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados”. Es por el bautismo que el pecador se lava los pecados. Cuando Cristo nos lava de la suciedad del pecado, quedamos “mas blanco que la nieve” (Salmo 51:7).
2. A causa de la enajenación del pecado, Cristo nos ha “santificado”. La persona que vive en pecado está separada de Dios. Efesios 4:18 dice que fuimos “alejados de la vida de Dios”. Pero aun estando tan lejos de Dios, él nos ha separado del mundo y nos trajo cerca de él. Nos ha separado de los ídolos para unirnos al Dios viviente. Nos ha separado de los usos terrenales, y pecaminosos, para que seamos instrumentos de justicia, para uso exclusivo de Dios. El pecado nos separa de Dios, pero la santificación nos separa del pecado y nos une con Dios.
3. A causa de la culpa del pecado, Cristo nos ha “justificado”. En un tiempo sentimos el peso del pecado sobre nosotros — sentimos concientes de nuestro estado pecaminoso. David describe la culpa que siente el pecador en Salmo 40:12: “Porque me han rodeado males incontables; me han alcanzado mis iniquidades, y no puedo levantar la vista. Son más numerosos que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me ha fallado”.

Pero cuando ese pecador obedece el evangelio, Cristo lo justifica, o sea lo declara sin culpa.

¿Cómo fuimos lavados, santificados, y justificados?

1. “En el nombre del Señor Jesús”. No hay otro nombre por la cual podemos ser salvos (Hechos 4:12). Es ese nombre que hace posible nuestra salvación.

2. “Por el Espíritu de nuestro Dios”. No fue por la ley mosaica que fuimos justificados, sino por el Espíritu Santo. Sí, el Espíritu Santo nos lava, nos santifica, y nos justifica. ¿Cómo lo hace? ¿Trabaja misteriosamente en nuestras vidas en una manera imperceptible? ¡Claro que no! El Espíritu Santo nos santifica, nos justifica, y nos lava de pecado, por la instrumentalidad de la palabra de Dios. La palabra de Dios es el instrumento que el Espíritu de nuestro Dios utiliza para salvar al hombre (Efesios 6:17).

—Paul Melton

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