El Mensajero

1 Corintios 6:12-20

In Corintios (comentario) on 24 abril 2007 at 3:03 pm

Versículo 12

 

En el versículo 12, el primer transgresor numerado es el “fornicario”. Por lo tanto, en este versículo y hasta el final del capítulo dirige una palabra acerca de la fornicación.

Algunos en Corinto trataban de excusar su participación en la inmoralidad sexual con este dicho: “ Todas las cosas me son lícitas “. Algunos estaban citando este dicho para justificar su participación promiscua sexual. Pensaban que la fornicación era una de “ las cosas ”, entonces la fornicación era lícita. Este argumento probablemente surgió de la perversión de la enseñanza de Pablo acerca de nuestras libertades en Cristo. Los corintios habían malentendido su libertad en Cristo, (Gálatas 5:13). Pero la verdadera libertad se encuentra en el hacer bien.

Pablo no nos está enseñando que es lícito cometer pecado. “ Todas las cosas me son lícitas ” significa: “ Soy libre de hacer cualquier cosa aprobada por Dios, pero aunque esta cosa sea lícita puede ser que no sea conveniente hacerlo “.

Todas las cosas ” se refiere a cosas que son indiferentes. No debemos participar en algo aunque sea lícito, a menos que también sea primeramente conveniente y provechoso; y segundo, que no nos domina o esclaviza. Si una cosa no es provechosa, no debemos hacerla y si nos domina o esclaviza, tampoco debemos practicarla. Pablo estaba diciendo, aun si fuera lícito cometer fornicación, era una práctica destructiva, no provechosa y también esclavizaría. Entonces, el dicho “ Todas las cosas son lícitas ” fue mal aplicado a la inmoralidad sexual.

Yo no me dejaré dominar por ninguna ” cosa. Los drogadictos, alcohólicos, los que fuman cigarros o cigarrillos, los que miran pornografía o duermen con prostitutas están esclavizados a estos pecados. Si deciden dejar de beber, fumar, tomar drogas, o dejar la pornografía o prostitución, les es difícil porque estas cosas les dominan. Son esclavos del pecado.

 

Versículo 13

Algunos corintios creían que fornicar estaba en la misma categoría que comer. Creían que las dos actividades, comer y fornicar, eran inofensivas. Pensaban: “ La comida es para el estómago, y el estómago para la comida. Entonces el cuerpo es para fornicar, la fornicación es para el cuerpo “. En otras palabras, si nuestro estómago empieza a gruñir porque tenemos hambre, entonces comemos para satisfacer ese deseo. Así mismo, si el hombre mira a una mujer y su cuerpo la desea, entonces hay que satisfacer ese deseo sexual.

Pero Pablo dice: “ El cuerpo NO ES para la inmoralidad sexual, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo”. Tal como el lápiz es para escribir, y la cuchara es para tomar sopa, así nuestro cuerpo es para el Señor. Trate de escribir con una cuchara o tomar sopa con un lápiz. Así el cuerpo no es para la fornicación. Cuando nos convertimos a Cristo, ya no usamos nuestro cuerpo para cometer actos ilícitos sexuales, sino lo usamos para servir al Señor. El Señor es “para el cuerpo” en el sentido de que él lo creó y lo sostiene por medio de proveer su alimento físico y espiritual.

Dios destruirá tanto al uno como al otro: al estómago y a la comida. Nuestros deseos no son eternos. Todos estos apetitos y sensaciones inferiores serán destruidas cuando muramos y no existirán en nuestro cuerpo resucitado, y también la tierra y toda la comida que ella produce será quemada en el día final.

 

Versículo 14

Un día, Dios, por su poder va a resucitar nuestro cuerpo al igual que resucitó al Señor Jesucristo, (2 Corintios 4:14).  En el versículo 13, aprendimos que Dios destruirá “el estómago”, pero en este versículo aprendemos que Dios resucitará el cuerpo de los cristianos en un estado de inmortalidad. Si su cuerpo se perdiera en el polvo, no importaría cómo lo usara o lo abusara; pero ya que su cuerpo es la ropa que su alma llevará por toda la eternidad en el cielo, debe mantenerlo puro y sin contaminación aquí en la tierra. Será el mismo cuerpo, pero nuevo e inmortal, (1 Corintios 15:35-56). El destino de nuestros cuerpos es la vida inmortal, pero el destino del estómago es la destrucción. Por lo tanto, el cuerpo debe ser mantenido en pureza, y no en fornicación, porque está destinado a una vida imperecedera.

 

Versículo 15

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ” Nuestros cuerpos físicos son partes espirituales del cuerpo de Cristo, (1 Corintios 12:12-27). Cada miembro del cuerpo de Cristo tiene una función: algunos son las manos, otros la oreja, o el ojo, o la boca. Pero la fornicación no es una función del cuerpo espiritual de Cristo. Debemos mantener puro nuestro cuerpo físico, porque somos partes del cuerpo de Cristo. El Señor Lenski escribió: “ Tal como nosotros usamos las partes de nuestro cuerpo como para nuestros propósitos, así mi cuerpo entero y tu cuerpo entero son partes del cuerpo de Cristo para ser usados solamente por él para sus propósitos “.

“¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta?” La palabra “quitar” significa “alienar de su dueño correcto”. Nosotros, los cristianos, somos miembros del cuerpo, de la carne y de los huesos de Cristo. Cuando cometemos fornicación, nos “quitamos” o nos alienamos de Cristo porque no podemos ser miembros de una prostituta y de Cristo. Tal como el brazo o el dedo tiene la vida del cuerpo hasta que es cortada, así nosotros tenemos la vida de Cristo hasta que nos separamos de él por medio de actos pecaminosos como la fornicación. ¿Debemos quitar o “agarrar” nuestro cuerpo que es parte del cuerpo de Cristo, y unirla a una prostituta? ¡De ninguna manera! Cuando cometemos fornicación, estamos uniendo un miembro del cuerpo santo y puro de Cristo y haciéndolo parte del cuerpo de una prostituta.

 

Versículo 16, 17

¿No saben que cuando un hombre se une a una prostituta se hacen los dos un solo cuerpo?

Existe una unión entre Cristo y el cristiano. Cuando somos bautizados bíblicamente, somos unidos a Cristo (Gálatas 3:27). Cristo está en nosotros y nosotros en él. Somos una carne, y un cuerpo con Cristo. Tal como la cabeza está unida al cuerpo, Cristo y los cristianos forman un cuerpo.

Si nos unimos con una prostituta, formamos un cuerpo con ella. “ Los dos serán una sola carne “, (Génesis 2:24). Señor James MacKnight comenta sobre esta frase: “Serán uno en inclinación e interés, y emplearán a sus cuerpos como si fueran animados por un alma. . . Rendimos nuestro cuerpo para ser empleado en complacer sus inclinaciones sexuales”.

Antes de fornicar, existen dos cuerpos distintos y separados, pero el acto de fornicación hace un solo cuerpo de los dos. “ El que se une a una ramera “, no se refiere al matrimonio, sino al acto sexual de cometer fornicación. Señor Lenski dice: “El que se une con una ramera se hace lo mismo que ella en su vicio degradante. Voluntariamente, toma parte en la suciedad de la prostituta”. Cuando nos unimos con Cristo, no solamente formamos un cuerpo,  sino también formamos “un espíritu” con Cristo. Somos “uno en espíritu”. Es decir que ahora existe una unión cercana e íntima entre Cristo y nosotros. Estamos unidos en sentimiento, intento y disposición. Ya que la unión de almas es más importante y más perdurable que la unión de cuerpos, no es apropiado que rompamos ese vínculo sagrado por medio de unirnos con una prostituta.

Lenski comenta: “Nuestra unión con Cristo, aunque incluye nuestros cuerpos, realmente es una unión de espíritu y solamente de esa manera incluye la unión de nuestros cuerpos”.

 

Versículo 18

Pablo nos manda, “ Huid de la inmoralidad sexual “. La palabra “huir” significa “ huir o evitar por medio de correr ” (Thayer). Si queremos evitar la fornicación, no debemos quedarnos fijos para resistir la tentación, sino huir tal como lo hizo José cuando la esposa de Potifar trató de seducirlo, (Génesis 39:12). El hombre no puede razonar o argüir con el pecado de fornicación. Podemos huir de ella, o seremos atrapados por ella. Un poeta griego escribió que huir de la fornicación es como escapar “de un amo loco y furioso”. Cada cristiano debe desarrollar el hábito de huir cuando se presenta la oportunidad de fornicar.

Cualquier otro pecado que el hombre comete está fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo “.

Puesto que emborracharse y otros vicios semejantes en verdad hacen daño al cuerpo, ¿cómo es que estos pecados están fuera del cuerpo? Cuando se emborracha o comete otros pecados, “el cuerpo no es el instrumento, pero el sujeto. Pero en el acto de fornicación, el cuerpo es el instrumento de ese pecado, y es rendido a otro ser humano interiormente y exteriormente” (Vincent).

¿Cómo es la fornicación un pecado en nuestros propios cuerpos?

(1) “El fornicario peca contra su propio cuerpo”. El señor MacKnight dice: “La fornicación es alienar ese cuerpo que es del Señor, y hacerlo el cuerpo de una ramera –es un pecado contra el propio cuerpo del hombre, contra la verdad y la naturaleza de su cuerpo. No es un EFECTO sobre el cuerpo que proviene participar de cosas que están fuera, sino que “peca contra su propio cuerpo”.

Cuando el fornicario rinde su vida a una prostituta, y mezcla su vida con la de ella, pierde el poder de controlar su cuerpo. En este acto cede a otra persona el derecho de controlar su propio cuerpo, y así entra en servidumbre a esa prostituta, (1 Corintios 7:4).” En otras palabras, MacKnight dice que al unirse a una prostituta, pierde autoridad sobre su cuerpo y así peca contra su cuerpo”.

(2) La fornicación ha producido enfermedades dolorosas y espantosas. Ha enervado al hombre y acortado el tiempo de su vida. Ningún otro pecado ha tenido efectos tan destructivos sobre el cuerpo que la fornicación,(Albert Barnes). Ponemos nuestro cuerpo en peligro de contraer enfermedades como el SIDA, tan destructivo al cuerpo.

(3) “Otros pecados, como el emborracharse o glotonería, son pecados fuera del cuerpo, es decir, pecados contra aquellas partes del cuerpo, no pertenecerán al cuerpo en el estado futuro, Apocalipsis 7:14), y por lo tanto, no atacan directamente nuestro estado futuro. Pero en la fornicación el cuerpo entero entra una unión pecaminosa con un cuerpo de muerte, y así se hace una sola carne con la ramera condenada; y así nos corta completamente del cuerpo espiritual de Cristo, y así ataca directamente el estado futuro de nuestros cuerpos”, McGarvey.

 

Versículo 19

Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y al fornicación profanamos el templo del Espíritu Santo.

“Tal como Dios habitaba dentro el tabernáculo Mosaico, y en el templo de Salomón, así el Espíritu habita en el alma del cristiano genuino. Y tal como en el templo, y todos sus utensilios fueron santos, separados de todo uso común y profano, y dedicado completamente al servicio de Dios, así los cuerpos de los cristianos genuinos son santos, y todas las partes de su cuerpo deben ser empleados solamente en el servicio de Dios”, (Adam Clarke).

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? ” ¿Cómo habitaba el Espíritu de Dios en el templo del Antiguo Testamento? La presencia de Dios se encontraba en el templo de Salomón. De hecho, la gloria de Dios fue tan brillante en la dedicación del templo de Salomón que los sacerdotes no podían continuar sirviendo en el templo por causa de la nube (2 Reyes 8:10-11). Salomón dice en 1 Reyes 8:27: “ Pero, ¿es verdad que Dios ha de habitar sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener. ¡Cuánto menos este templo que he edificado! “, (2 Crónicas 2:6). En Isaías 57:15 se refiere a Dios como “ el Alto y Sublime, el que habita la eternidad .” Ya que Dios “ llena el cielo y la tierra “, (Jeremías 23:24), debemos admitir que Dios no habitaba literalmente en el templo judío, (Hechos 17:24); ni habita en el corazón de sus hijos literalmente. Aun en el Antiguo Testamento Salomón reconoció que la verdadera habitación de Dios es el cielo: 1 Reyes 8:43, “ el cielo, el lugar de su morada “.

“El cual está en vosotros”. ¿Cómo pues, habita Dios en nosotros? “Vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo”. Albert Barnes dice: “Esto no significa que existe una unión personal entre los cristianos y Dios — que hay una morada especial de la esencia de Dios en nosotros — porque Dios está esencialmente presente en todos los lugares de la misma manera, pero es un modo figurativo que denota que los cristianos están bajo la influencia de Dios, y que se regocijan en su presencia, y que tienen las opiniones, los sentimientos, y los gozos que Dios produce en el alma redimida, y con tales se complace”. Podemos decir que Dios, el Espíritu Santo y Cristo viven en nosotros cuando estamos caminando en comunión con Dios, cuando pensamos en las cosas del Espíritu y nos ocupamos de él, (Romanos 8:5,6). Pero si pensamos y nos ocupamos en las cosas de la carne, sirviendo al pecado, el Espíritu no mora en nosotros. En Ezequiel 10 y 11 leemos que la gloria y la presencia de Jehová se apartaron del templo judío porque lo habían llenado de pecado. Así, el Espíritu Santo se apartará de su templo, que es nuestro cuerpo, si seguimos pecando.

En 2 Corintios 6:16, Pablo dice: “Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”. Dios dice: “No seré un caminante, que se desvía para quedarse sólo una noche, sino que tomaré mi residencia constante con ellos. Habitaré en y entre ellos”.

“El cual tenéis de Dios”. Cuando Pablo dice en 1 Corintios 7:40: “ Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios “. Pablo tenía el Espíritu Santo y por lo tanto lo que él predicaba era la verdad. Tener el Espíritu en este versículo significaba estar bajo la influencia de inspiración y lo que predicaba era acorde con la voluntad de Dios. El Espíritu guiaba a Pablo en sus palabras. Asimismo, los corintios tenían  diversos dones milagrosos, y recibían revelaciones de Dios. Hoy día no tenemos el Espíritu como Pablo y los corintios. Pero tenemos al Espíritu Santo en el sentido de que hemos recibido las palabras inspiradas por el Espíritu Santo registradas en el Nuevo Testamento, y las dejamos morar en nosotros.

Y que no sois vuestros “. Somos propiedad de Dios. Fuimos comprados. Cristo pagó un gran precio por nosotros, y por lo tanto debemos dedicar nuestro cuerpo, alma y espíritu a su servicio, y no para complacer a la carne. Dios es dueño de su cuerpo.

 

Versículo 20

“Pues habéis sido comprados por precio”. Tal como el amo compró a su esclavo por una cantidad de dinero y se volvió su propiedad exclusiva, así nosotros fuimos comprados por la sangre de Cristo, — somos su propiedad, (1 Pedro 1:18, 19). Tal como el esclavo dedica su vida para complacer a su amo, así el cristiano debe emplear su cuerpo al servicio de su Señor.

Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo “. Vivimos para honrar a Dios. Glorificamos a Dios cuando nuestra vida brilla con pureza. Glorificamos y honramos a Dios con nuestros cuerpos, cuando los presentamos como sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios (Romanos 12:1). Cada parte de nuestro cuerpo debe honrar a Dios: nuestra boca, oídos, manos y pies. Cuando vestimos, nuestro cuerpo debe honrar a Dios.            

—Por Paul Melton

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