¿Es usted perfecto?

“Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza… y los creó macho y hembra (Gen.1:26).
Cada hombre y cada mujer está hecho a imagen y semejanza de Dios.
Una foto suya es “imagen” de usted, pero si esa foto pudiera hablar, amar, reír y odiar como usted, no sólo sería su imagen, sino también su “semejanza”.
Pues Dios lo hizo a usted a su imagen y semejanza; usted se parece a Dios, ¡o Dios se parece a usted! Aunque sea usted pecador, prostituta o borracho, ¿En qué nos parecemos a Dios? Nos parecemos en que podemos tener la libertad de escoger entre el bien y el mal. Dios es perfecto y escoge sólo el bien, en eso debemos imitarle.
Cuando nos miramos al espejo sólo vemos nuestro cuerpo físico, nuestra alma la ven sólo Dios y el demonio. Nosotros la veremos cuando muramos y resucitemos transformados, en el cielo o en el infierno.
Allí veremos lo maravilloso de cada uno de nosotros, ¡como Dios! Inmortales como Dios, eternos como Dios, hechos para amar como Dios por toda la eternidad.
Todavía hay más. Cuando Dios, su Padre, lo hizo a usted, lo hizo lo mejor que podía hacer para que cumpla su misión. Cada persona, como cada estrella, es bella y perfecta, todas distintas, pero cada una es una maravilla.
Su papá y mamá de la tierra no saben hacer ojos ni manos, ni corazón como el suyo. Quien los hizo, es verdaderamente Dios nuestro creador.
Si usted pudiera haber hecho a su propio hijo le hubiera dado la cara más perfecta y los ojos más bonitos y el cuerpo más elegante, en todo hubiera sido lo más y lo mejor.
Pues Dios, nuestro padre celestial, pudo escoger su cuerpo, ojos y músculos, y escogió lo más y mejor para usted. Si usted hubiera podido escoger sus ojos, quizás hubiera escogido los de un águila, porque ven más, ¡y se hubiera equivocado!, porque los ojos que tiene, tal como los tiene, son los mejores para hacer lo que usted tiene que hacer, y no lo que hace un águila.
Si hubiera escogido un cuerpo más alto o más gordo o más flaco, ¡se hubiera equivocado!, porque el que tiene fue escogido por Dios, y es el mejor que usted puede tener. “Dios formó tus entrañas en el seno de tu madre; te alabaré por el modo maravilloso que me hiciste”, (Salmo 139:13-15).¡Y todavía más! Dios lo hizo a usted para una misión maravillosa, porque Dios no crea cosas inútiles o que valgan poco. Yo no sé su misión, como desconozco la misión de cada estrella, pero su misión en la vida es maravillosa.
Si uno comprende esta verdad tan sencilla y elemental, no tiene más remedio que volverse loco de alegría, dando gracias a Dios con gran gozo por los ojos, corazón, manos y pies.
Un problema es que a veces no comprendemos la maravilla de nuestra vida. Jesús podía haber protestado porque lo pusieron a ser “carpintero” por 30 años. Y a su madre también, porque Dios la puso como ama de casa de un hogar pobre. Pues cuando Jesús hacía una silla, estaba haciendo algo tan importante como cuando estaba en el Monte Tabor glorificado. Porque no es lo que se hace lo importante, sino cómo se hace. Cuando el ama de casa está haciendo la comida, se la está haciendo al mismo Jesús que se la hacía a María, como veremos en “Amar”. Y si hacerle la comida al presidente de la nación o a un rey sería un honor, mucho más honor es hacerle la comida al Señor.
El gran problema es la envidia, raíz de muchos complejos y desdichas de la vida. Algunos, en vez de dar gracias a Dios por su cuerpo, envidian al vecino porque es más alto o más guapo. ¡Insultan a Dios!, porque el que tenemos, tal como lo tenemos, es el mejor que podemos tener, para hacer lo que tenemos que hacer.
Si usted envidia los ojos o músculos de otro, ¡está en contra de lo que Dios hizo en usted!, será infeliz.
Y no sólo nuestro cuerpo, sino que Dios ha escogido en nuestra vida nuestros vecinos y amigos. Si usted nació en China, es un chino, hecho así por Dios, y debe dar gracias por ser chino o latinoamericano, español, hondureño, haitiano, hindú o africano.
Debemos dar gracias a Dios constantemente por la familia que nos dio, ¡la suya, es la mejor que usted podía haber tenido!, escogida por Dios, su Padre, con mucho cariño.
Su esposa, su marido, lo mejor, escogido por Dios. Sus vecinos, amigos y enemigos, todos lo mejor para usted, escogidos en persona por Dios para usted con cariño y sabiduría.
Dar gracias a Dios “por” todo y “en” todo es la forma de orar sin cesar, y la de vivir siempre con gozo, como nos asegura la Biblia y la iglesia, según comentamos en El Cristiano (1 Tes.5:16-18; Efes.5:20).

La vida del cristiano no es sólo esta maravilla “pasiva” de aceptar con gozo todo lo que Dios provee, es también algo “activo” que se resume en “el amor”, 1 Corintios 13:4-7: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

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Publicado en Vida cristiana

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