La armonía deliciosa en la iglesia del Señor

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
habitar los hermanos
juntos en armonía !” (Salmos 133:1). —Por Carlos Morgan

Cuando entramos en comunión con la iglesia de Cristo, esperamos encontrar el amor fraternal y la armonía de una familia compuesta por personas que han sido transformadas por el poder de Dios. Creemos haber hallado un refugio con- tra la amargura, malicia y gritería del mundo pagano. Se supone que las sospechas, los chismes y contiendas, choques de personalidad, no se encontrarán en la iglesia. Con mucha frecuencia miramos cómo Satanás tiene súbditos, quienes participan en las contiendas y disensiones.
A veces no son recién convertidos, sería más factible ayudarles, sino que se ve el espíritu contencioso en predicadores y miembros con trayectoria en la familia de Dios.
Defienden sus acciones bajo el pretexto de ser fieles a la verdad. Son varias las personas que reaccionan indebidamente y por algunos se preguntan, ¿cómo puede estar Dios en una congregación con tales problemas?
Es necesario identificar el problema. Las contiendas entre hermanos amenazan la unidad de las congregaciones. Trataremos de explicarle las causas de la contienda. Daremos sugerencias para evitarla y resolverla cuando se presente. La palabra de Dios nos puede ayudar a gozar de la armonía deliciosa que el Señor. es obvio que siempre habrá conflictos entre cristianos. Nuestra meta debe ser actuar de acuerdo a la voluntad de Dios y aprender a resolver las diferencias para el bien de la iglesia y la gloria del Señor.

Las contiendas personales
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?” (Santiago 4:1 2 ).
Cada ser humano es. El conflicto entre dos personas es resultado de esas diferencias. Por lo tanto, cuando nos comprendemos mejor a nosotros mismos y a los demás podemos evitar que los conflictos naturales se convierten en resentimiento, ira, odio y contienda. Es necesario examinar nuestros pensamientos y sentimientos con cuidado para entender qué nos mueve a contender.
Satanás es quien trata de sembrar la discordia entre hermanos, no olvidemos que el diablo es astuto.
Son las actitudes humanas y naturales, más no espirituales, 1 Corintios 3:3; Santiago 3:13-18. Cuando actuamos de esta manera debemos pedir sabiduría de lo alto (Santiago 3:13-18). Gálatas 5:19 dice que esas obras son manifiestas porque son obras de la carne. Cuando dos o más personas tratan de convivir o colaborar en un proyecto existirán desacuerdos. Aun en los apóstoles existía cierto desacuerdo. Por eso Jesús rogó al padre para que les ayudara. Hoy día, los cristianos necesitamos ser uno (Juan 17:11-23).

Las ofensas personales
“El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcanzar” (Proverbios 18:19). Las calumnias en contra de otra persona (I Timoteo 5:19). El chisme muchas veces sirve de ofensa. (Proverbios 16:28 26:20).
¿Por qué nos ofendemos? Existen sentimientos fundamentales y nos hacen expresar los siguiente: “Me siento enojado, amenazado, menospreciado, frustrado, engañado, traicionado y rechazado”. Si no tomamos en cuenta el aspecto emocional, cometemos un grave error, pues toda persona desea o anhela amar y ser amado, ser protegido, comprender y ser comprendido.
A menudo los anhelos de una persona chocan con los de otra, aun en la iglesia. Muchas veces las contiendas y ofensas personales resultan de no poder comprender el modo de pensar ajeno y reaccionamos de forma diferente. Más de alguna vez hemos observado contiendas o hemos estado involucrados. Por eso es muy importante enseñar a la iglesia a tener entendimiento básico acerca de los diferentes temperamentos, como también el papel que desempeñan en las relaciones fraternas.
Varios factores afectan nuestra conducta. La información que incluimos fue tomada de los libros “Creación therapy”, escrito por Richard Gene Arno y “El Varón y Temperamento”, de Tim LaHaye.
Hay tres razones principales para presentar esta información: primero, para entender mejor las causas reales de nuestro propio enojo. Segundo, para que seamos más pacientes con las debilidades de nuestros hermanos. Y por ultimo, para que aprendamos a ayudar a nuestros hermanos en sus debilidades en vez de causarles más problemas.
Presentaremos los atributos que más contribuyen a choques personales en la iglesia.
El temperamento melancólico: la inseguridad, el concepto negativo de su propia persona, voluntad fuerte (terco), perfeccionista, fácil de guardar rencor, vengativo, se enoja cuando él mismo u otra persona no cumple con las normas que establece en su mente. Tolera poca interferencia en su vida y se mete muy poco en la vida de otras personas.
El temperamento colérico: se enoja con mayor facilidad que cualquier miembro de la iglesia, el colérico será el miembro numero uno para las contiendas.
El temperamento sanguíneo: lo tiene el cristiano chistoso y ruidoso. Le gusta estar con otras personas, viajar y andar para arriba y abajo. No le cuesta pedir perdón, pero no le cuesta tampoco volver a cometer el mismo error y le gusta ser el centro de la atención.
El temperamento supino: tiene debilidades en su carácter, pero no son las que contribuyen a las contiendas.
El temperamento flemático: no le gustan los conflictos, tiende a ser pacificador. No causa problemas excepto en la frustración que produce para aquellos que lo tratan de motivar, involucrar y cambiar.
Todo cristiano del temperamento que sea, debe sujetarse a la voluntad de Dios y permitir que él lo vaya transformando conforme a la imagen de Cristo (Efesios 4:22-24; Romanos 8:29; 12: 1-20). No es correcto pensar –así soy y así seré porque Dios me creo así. Una cosa es reconocer que Dios en su gracia me acepta tal como soy y otra diferente es pensar que Dios me seguirá aceptando así si no hago ningún esfuerzo en cambiar o ser transformado a la imagen de Cristo. No es correcto pensar que no tenemos responsabilidad de cambiar nuestro modo de ser para el bien de todos. La iglesia tiene el derecho de esperar que cada miembro trate de seguir el modelo perfecto de Cristo y no usar su temperamento como pretexto.
Si en la iglesia de la cual usted es miembro observa contiendas entre miembros, este artículo puede ayudarle. Hemos expuesto los tipos de temperamento y creo que debemos vivir en armonía todos quienes formamos la familia de Dios. No es conveniente estar discutiendo y enredándonos en contiendas porque destruyen nuestra vida espiritual. ¿Cómo está usted viviendo su vida espiritual, en contiendas o en armonía? Tratemos de vivir en armonía y aprendamos a resolver cualquier clase de contienda en la iglesia del Señor.

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