El cuidado de no caer

La batalla del cristiano es una lucha continua, permanecer firme y crecer espiritualmente.
Siempre debe alimentarse con la palabra de Dios para no correr el peligro de caer. Cuando alguien se aparta, ¿dónde queda todo el esfuerzo que ha hecho? Todo lo tira a la basura. El cristiano debe pensar más en el amor que Cristo mostró al morir en la cruz.

Obstáculos que nos hacen caer
1. Las tentaciones que llegan por nuestra concupiscencia. “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia,  después que ha concebido,  da a luz el pecado;  y el pecado,  siendo consumado,  da a luz la muerte” (Santiago 1.14,15).

2. Al vivir conforme al mundo y no como cristianos. “¡Oh almas adúlteras!  ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?  Cualquiera,  pues,  que quiera ser amigo del mundo,  se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4). No debemos participar de las cosas del mundo, pues si vivimos conforme al mundo vamos a ser arrastrados, caeremos y moriremos espiritualmente.

3. Los malos compañeros, el cristiano debe saber con quién andar. “El que anda con sabios,  sabio será;  Mas el que se junta con necios será quebrantado” (Proverbios 13.20).

4. Por la mala manera de conducirse entre la gente del  mundo. “Vosotros sois la luz del mundo;  una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud,  sino sobre el candelero,  y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,  para que vean vuestras buenas obras,  y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos” (Mateo 5.14-16). Es necesario brillar como una luciérnaga en la oscuridad. Sea la luz del mundo, pues por medio de usted verán a Cristo.

Ejemplo de algunos que cayeron
1. Judas Iscariote cayó y perdió la salvación. “Este,  pues,  con el salario de su iniquidad adquirió un campo,  y cayendo de cabeza,  se reventó por la mitad,  y todas sus entrañas se derramaron” (Hechos 1.18).
2. Demas. Pablo escribió de él: “me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica…” (2 Timoteo 4.10).

3. Himineo y Alejandro. Pablo aconseja a Tomoteo que debe militar “manteniendo la fe y buena conciencia,  desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro,  a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1.19,20).

4. Ananías y Safira. “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo,  y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón?  No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido” (Hechos 5.3-5, 10).
Debemos tener mucho cuidado de no caer. No es que no podamos caer, sino que necesitamos luchar para no llegar a ese fatal momento.
Si un cristiano ha caído debe levantarse con orgullo y demostrar que puede hacerlo; “porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en mal” (Proverbios 24.16).

Carlos Morgan, febrero 1999, tomo 8. Evangelista en La Entrada Copán,
Honduras.

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Publicado en Vida cristiana

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