El ministro aceptable al corazón

En la segunda epístola a los Corintios, capítulo 6 y versículo 3, Pablo escribe: “Por nuestra parte, a nadie damos motivo de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio” (Nueva Versión Internacional).

Pablo habla como apóstol, como alguien que debe cuidar su vida y conducta para que su trabajo en la obra del Señor no reciba censura.
Un obispo, un diácono, un líder, o un predicador a tiempo completo puede poseer muchos talentos y gran carisma, pero si es mentiroso, chismoso, pleitista, inmoral o uno que aprovecha la fe con fines de lucro, su influencia al principio podrá ser positiva, pero llegará el momento cuando cosechará los frutos de su conducta.
En el versículo cuatro Pablo se atreve a recomendarse como ministro de Dios, ¿podría usted presentarse ante la iglesia como un servidor ejemplar de Dios y de su hijo Jesucristo?
Además, afirma que “no damos a nadie ninguna ocasión o motivo de tropiezo”. Toma mucho tiempo construirse una buena reputación y lograr influencia positiva, es por eso que los líderes en la iglesia deben permanecer alerta para  no convertirse en piedra de tropiezo.

En 2 Co. 7.2, después de exponer las razones por las cuales es un ejemplo como ministro de Dios, les escribe: “… A nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos explotado”.
Usa tres verbos que indican una acción negativa: agraviar, corromper y explotar. Les aclara que ninguna de esas tres acciones las ha practicado.
Pero antes Pablo les dice “admitídnos”, traducido en la Nueva Versión Internacional como: “hagan lugar para nosotros en su corazón”. Y es que la palabra original, “chorea”, significa: “hacer sitio para… se usa metafóricamente de recibir en el corazón”.
Así que Pablo les solicita a sus hermanos de Corinto que hagan sitio para él en el corazón. ¿Cuáles son las tres razones por las cuales Pablo cree que sí merece estar en el corazón de ellos? Veámoslas.

A nadie hemos agraviado
El verbo griego usado es Adikeo, que indica, según el diccionario Griego-Español Vine, “injusticia, maltrato… agraviar o dañar a alguien”.
A una persona se le puede perjudicar por medio de palabras o acciones. No es un buen ejemplo para imitar y seguir aquel que  continuamente maltrata a sus hermanos en la fe, ya sea por medio de chismes, difamaciones o violencia física.
Pablo se recomienda como buen ministro de Cristo porque a nadie había maltratado. ¿Puede usted presentarse ante su congregación como un buen ministro de Dios? ¿Se ha ganado un lugar en el corazón de sus hermanos?

A nadie hemos corrompido
En este caso el verbo griego, Phtheiro, significa: “destruir corrompiendo, llevando así a un estado peor”.
El diccionario Griego-Español añade: “se usa con este significado del efecto de las malas compañías sobre las maneras de los creyentes, y por ello del efecto de asociarse con aquellos que niegan la verdad y mantienen falsas doctrina” (W.E. Vine, p.337). Veamos dos versículos más donde se usa esta palabra:
1. 2 Co.11.3: “Pero me temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestro sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad de Cristo”. Otras versiones de la Biblia, como la Nacar-Colunga, traduce este versículo así: “Pero temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, también corrompa vuestros pensamientos, apartándolos de la sinceridad y de la santidad debidas a Cristo”. Pablo les dice esto porque estaban aceptando doctrinas extrañas. Habían algunos que les estaban corrompiendo “de la sincera fidelidad a Cristo”.
Pablo no era culpable de esta acción y les solicita que le han un lugar en el corazón porque ha nadie ha corrompido. Su trabajo no era corromper a la iglesia por medio de falsas doctrinas.
2. 1 Co.317: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. ¿Cuál es el resultado de asociarse con malas compañías? La corrupción de las buenas costumbres. Quien se asocia con el que enseñan falsas doctrinas terminará contaminado, si no atiende la advertencia de Pablo: “no erréis”, o “no se dejen engañar”, como lo traducen otras versiones de la Biblia.
Pablo no era culpable de destruir la obra del Señor por corromper a los hermanos enseñándoles falsas doctrinas que les apartaran de la fidelidad de Cristo.
Al contrario, “hemos renunciado a todo lo vergonzoso que se hace a escondidas, no actuamos con engaño ni torcemos la palabra de Dios”, 2 Co. 4. 2.

A nadie hemos explotado
La definición para explotar en nuestro idioma es: “sacar provecho de algo”. Puede tener un sentido positivo y otro negativo. En el primero, un pedazo de tierra se puede explotar al sembrar una milpa y cosechar el maíz. En el negativo, contratar veinte peones para trabajar en la milpa y pagarles menos del salario mínimo; eso es aprovecharse de la necesidad de las personas. Explotar al prójimo.
Pues bien, Pablo les dice a los cristianos en Corinto que le den un lugar en el corazón porque nunca se ha aprovechado de ninguno.
Nunca usó su posición como apóstol y ministro de Cristo para aprovecho de los hermanos. En otras palabras, Pablo no era un “mercenario” espiritual. Su interés por ellos no era monetario sino espiritual.
En 2 Corintios 11.7-9, les recuerda que mientras les predicó el evangelio no les pidió dinero para sus necesidades. Los corintios no podían acusar a Pablo de haberse aprovechado de ellos, “lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos de Macedonia”.
De nuevo en 2 Corintios 11.20 usa este mismo verbo Pleonekteo, que significa “buscar conseguir más”. El versículo dice: “Acaso los exploté por medio de alguno de mis enviados?” (Nueva Versión Internacional).
Los corintios tenían un grave problema: ¡Aguantaban a quienes los explotaban y se aprovechaban de ellos!
¿Puede usted presentarse ante su congregación como un buen ministro de Dios que a nadie ha explotado?

¿Quién es un buen ministro de Dios? ¿A quién podemos hacerle lugar en nuestro corazón? Al cristiano que no causa daño a sus hermanos, a quien no corrompe a los hijos de Dios con falsas doctrinas que les apartarán de la fidelidad de Cristo y a quien no explota a sus hermanos amparado en el evangelio de Cristo. Los culpables de esas tres acciones no merecen un lugar en nuestro corazón.

-Carlos Rodríguez

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Publicado en Evangelista
One comment on “El ministro aceptable al corazón
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