Para crecer debemos corregirnos

No basta predicar temas atractivos para los oyentes, antes es necesario aplicar la enseñanza en nuestra propia vida. Una iglesia madura puede dar y recibir amonestación. La madurez permite estudiar, comentar y discutir cualquier tema sin disgustos ni enojos.
Los miembros que se enojan o disgustan cuando se les exhorta, son niños todavía. Muchos viven descontentos pero callados, saben de las imperfecciones que existen en la iglesia, mas no se esfuerzan por corregirlas.

Crecer por medio de corregir lo que falta
El autor de Hebreos escribe “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez,  para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (He.5.12-14).
En este mismo sentido, Pedro detalla las virtudes que un cristiano maduro añade a su vida: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor, (2 Pe. 1.5-9).
Los pasajes antes citados hablan de perfeccionarse y crecer por medio de la corrección, la cual aplica a nivel personal como congregacional. Por ejemplo, si una iglesia quiere perfeccionar el canto de los himnos, debe reunirse para practicarlos. Si un predicador desea perfeccionarse en la enseñanza, debe estudiar más la palabra de Dios.

Examinarse uno mismo
Para lograr la corrección es necesario aplicar lo que escribe Pablo en 2 Corintios 13.5: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”. Si no tenemos la capacidad para examinarnos será difícil reconocer nuestras faltas.
En Apocalipsis encontramos una lista de iglesias que debían examinar sus errores y corregirlos para no perder su salvación. El ángel del Señor le hizo un llamado a las iglesias de Efeso, Pérgamo, Tiatira, Sardi, Filadelfia y Laodicea. Cada una de ellas tenían faltas diferentes ante de Dios, todas eran iglesias de Cristo, y se les mandó examinar y corregir sus imperfecciones.
Si Dios nos escribiera una carta, ¿qué nos diría? ¿Tenemos faltas que corregir? ¿Necesitamos hacer cambios para poder crecer y perfeccionarnos en la fe?

Sugerencias
Las reuniones deben ser alentadoras para que todo miembro se anime a estar presente: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos”, (Salmos 122.1).
Nadie debería aburrirse ni distraerse en las reuniones, tanto los miembros como quienes predicamos, dirigimos himnos, oraciones, etc, tenemos una cuota en este asunto.

1. Use el canal de vida espiritual.
Todas las iglesias tienen dos o tres servicio a la semana y es muy importante que los miembros asistan a estos cultos. Quienes no asisten fielmente nunca serán los miembros más fieles, preparados y útiles. Muchas veces llegan a ser los más débiles porque empiezan a faltar los días de semana, luego los domingos y después no asisten ningún día. Las reuniones como iglesia son el canal de vida espiritual para los cristianos.

2. Reconozca el peligro de faltar por causa del trabajo.

3. Sea un ejemplo en puntualidad.
A veces no se puede evitar llegar tarde porque surgen obstáculos que están fuera de nuestro alcance, pero para otros llegar tarde es una mala costumbre y pierden parte del servicio a Dios. Sería correcto hacer un esfuerzo para llegan temprano.

4. No sea indolente a la obra de Dios (Jeremías 48.10).
Algunos acostumbran conversar durante el desarrollo del servicio a Dios y distraen a los demás. Otros salen constantemente del local y estorban o interrumpen a quienes desean ofrecer un servicio agradable a Dios. A veces hacen esto por problemas de salud, pero en muchos casos es una mala costumbre.
No olvidemos que Pablo escribe que en las reuniones de la iglesia todo debe hacerse decentemente y en orden (1 Corintios14.40).

5. Enseñe y muestre respeto por la adoración.
Hay quienes acostumbran masticar chicle y al llegar su turno para participar de la cena del Señor ni siquiera se lo sacan.
Todo tiene su tiempo. La adoración no es momento para comer, reír, platicar o masticar chicle, sino para concentrarse en el servicio a Dios.

6. Instruya a sus hijos sobre la conducta en las reuniones.
Ellos  pueden aprender a estar quietos y respetar la adoración a Dios. Muchos padres parecen demostrar más temor ante los hijos que delante de Dios y no les corrigen para que no griten o corran dentro el local. Eso muestra falta de disciplina. No conviene llevar dulces, galletas o juguetes para dárselos durante el culto porque también ellos pueden aprender que es tiempo para adorar a Dios.

Es necesario mencionar estos puntos para crecer y madurar. Todo el que predica y enseña debe hacerlos para agradar a Dios y promover el orden en los servios a Dios. Sea ejemplo.

-Carlos Morgan

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Publicado en Vida cristiana

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