“Sufrí con gozo espiritual mis necesidades”

Virgilio Zelaya (foto:Carlos Rodríguez)

Por Carlos Rodríguez

Llegamos a la casa del Hermano Virgilio Zelaya Blanco, quien desde enero de este año regresó a Quebrada Larga, pues se retiró de la predicación a tiempo completo debido a problemas de salud.

Se encuentra mejor de una recaída que sufrió a principio de noviembre. Con él está su esposa Cristina y su hijo menor. Pero también lo visita la iglesia de El Zapotillo y otros hermanos de Danlí.

Luego de la reunión volvemos a su casa para conversar. Es domingo 22 de noviembre y nos relata parte de su vida, de su trabajo con la iglesia y de cómo percibe la situación actual del cuerpo de Cristo.

¿De dónde es originario?
Nací en Yuscarán. El Paraíso.

¿Cómo conoció el evangelio de Cristo?
Primero perseveré en una denominación llamada Movimiento Misionero Mundial, pero me retiré porque no compartía algunas enseñanzas. Me separé unos dos años, pero siempre con el temor a Dios en mi hogar. Gracias a Dios después de dos años conocí a un predicador de la iglesia de Cristo, Héctor, quien caminaba con el hermano Roberto Helwig. Pues una vez Héctor evangelizaba a una persona en un bus viniendo de Danlí, pero a mí me llamó la atención. Antes de bajarme le dije que me gustaba lo que hablaba. Así nació el contacto y después llegó junto con el hermano Roberto Helwig a una aldea remota del valle de Jamastrán llamada El Consuelo. La primera vez que estudiamos no avanzamos mucho porque yo tenía la mente llena de cosas denominacionales. Sin embargo, medité la palabra de Dios y la comparé con lo que en el grupo nos enseñaban.

¿En qué año sucedió esto?
En agosto de 1983.

¿Y cuánto tiempo pasó para que obedeciera el evangelio?
Unos diez días. Hablé con mi esposa, otros familiares de ella y una hija que dejó de perseverar. Así empezamos la lucha. Durante tres años viajamos desde esa aldea a El Zapotillo. Los miércoles y domingos recorríamos tres leguas, eran unas tres horas caminando. El domingo íbamos con toda la familia a reunirnos, ya teníamos seis hijos.

¿Usted comienza a perseverar en esa aldea?
Sí, El Zapotillo es la primera obra que conocí. Habían tres miembros: José Trimino y su esposa y la hermana Rafaela. Roberto Helwig visitaba constantemente la zona. Como un año después comenzó a llegar el hermano Randy Tidmore, de quien guardo tantos recuerdos y agradecimientos. Yo era una persona que no sabía leer mucho, pero él se interesó y me ayudó para aprender a leer y utilizar bien la escritura.

Añade que tanto Roberto como Randy lo ayudaron en esos tiempos en su formación como evangelista. También recuerda la conversión de su hermano Ismael y la del hermano Nino, quien aún persevera en El Zapotillo.

¿Usted ha visto el nacimiento y desaparición de varias iglesias?
Le diré que en el departamento de El Paraíso la obra comenzó en Las Crucitas. Estaba Juan Manuel y José Manuel Molina y su familia. Allí hice mi primera predicación de evangelismo personal. Luego comenzó en Danlí. Cuando estaba la obra en El Zapotillo también había hermanos que se reunían en la aldea de Chirinas. Hubo una pequeña obra en Los Almendros. También una bonita iglesia en San Diego. En ese tiempo, como en 1985, no había obra fuerte en Tegucigalpa. Comenzamos a trabajar en Torocagua, donde ahora de nuevo hay una congregación. Luego nos trasladamos a Reparto por Bajo, por el lado norte de lo que llaman La Caseta. Allí se convirtió la hermana Estela y Emilia, la esposa del hermano Agustín Espinoza. Gracias a Dios esa obra se ha mantenido firme.

¿Cuándo comienza usted a trabajar a tiempo completo?
En 1984.

Entonces cuando inicia la obra en Tegucigalpa ya trabaja como evangelista.
Sí. Recibía una ayuda económica de 75 lempiras mensuales. (Se ríe al mencionar la cantidad) Me ajustaba a pesar que tenía bastante familia. Además trabajaba la agricultura y eso también me ayudaba para sostener el hogar.

¿En ese tiempo vivía en El Zapotillo?
Sí. Me trasladé a ese lugar, donde viví como siete años. De allí salía a predicar. Tuvimos una obra en Teñidero y en El Rodeo, pero no hubo crecimiento. Una vez que los dejábamos se desvanecían. Cuando José Manuel Molina vino a trabajar a Danlí nos unimos y encontramos a la hermana Ana, una miembro que se había retirado, y al hermano Richard, que ya era un hombrecito. Prácticamente desde allí la obra en Danlí se fortalece realmente. Entonces yo me trasladé a Quebrada Larga y tuvimos un grupo hermoso. Hoy estoy contento porque he regresado y hay hombres como el hermano Félix que han sostenido la obra. Gracias a Dios acabamos de tener tres convertidos y hay visitantes.

¿Cuáles serán los problemas mayores en la iglesia que impiden el crecimiento?
Primero y principal: la comunión. La hemos perdido, antes había más contacto entre los hermanos y las iglesias. Por ejemplo hoy estuvimos reunidos hermanos de varias congregaciones. Antes teníamos más contacto. Cuando yo trabajaba en El Paraíso, la iglesia de Danlí estaba allá. Si estaba aquí, también venían. Además, cuando había trabajo en otros lugares muchos líderes se movían para colaborar. Hoy poco se mira eso. Quienes mantienen tal costumbre son los hermanos de Danlí, siempre colaboran.

¿Por qué cree que pasa esto?
Parece que cada quien ha tomado su propio puesto. Antes había visitas permanentes entre las iglesias. También se han dado algunas diferencias y entonces hemos desistido de mantener esa comunión para no sentir incomodidades. Eso no es bueno para la iglesia. Hablamos muchas veces por teléfono, pero nunca es lo mismo como antes.

Antes se viajaba más, ¿cree que en parte sea por la salida de los hermanos estadounidenses y que ya no hay fondos ?
Es una de las razones. Los fondos ahora no ajustan para hacer estos recorridos. Yo viajaba a Choluteca, muchas veces con mi propio dinero, pero los pasajes eran baratos, el alquiler de casa barato y la alimentación igual, entonces ajustaba para viajar. Aunque si nos ponemos de acuerdo creo que sería posible activar eso. Uno se pone decaído porque ya no hay ese mismo interés de visitar otras congregaciones. Recuerdo que nosotros desde El Zapotillo veníamos a pie a visitar la iglesia de Quebrada Larga y era una alegría hacerlo.

Antes habían muchos predicadores a tiempo completo, ahora pocos. ¿Por qué será?
(Un gran suspiro antes de responder) A veces cuando uno comienza a tener una mentalidad demasiado apegada al dinero aparecen problemas. Muchos predicadores a tiempo completo cuando se les quita la ayuda desaparecen, como que el dinero fuera la salvación. Gracias a Dios, en mi caso, nunca pensé en que me iban a dar tal cantidad de dinero. No, mi deseo y mi voluntad era saber que iba a predicar la verdad y que Dios me ayudaría a solucionar los problemas en el hogar. Pero hoy ese es el fracaso que tenemos. Si a un predicador le quitan la ayuda, casi es seguro que se retira. ¿Cuántos hemos quedado? ¿Usted y yo? Sé que usted dejó su ayuda y no se retiró, pero ¿qué pasa con los otros? Dejan la ayuda y dejan también a Dios. He sentido mucho dolor en mi corazón cuando escucho algunas opiniones de ciertos hermanos que entraron con la mentalidad del dinero. Si alguien llega al evangelismo por amor a las almas debe predicar con o sin dinero. El apóstol Pablo dijo que aunque él estaba preso la palabra de Dios no lo estaba. Aun enfermo sigo predicando y me deleito en hablar la palabra a quienes me visitan. Lo más grave que afecta a la iglesia es que algunos piensan que si no hay dinero entonces no hay predicación. Si tenemos ese pensamiento, ¿qué dirán de nosotros? Aunque el mundo no diga nada Dios sí nos pedirá cuentas.

¿Qué problemas debe solucionar la iglesia para tener más fuerza o crecimiento?
Recobrar la comunión que había antes entre las iglesias. Interesarse por lo que le pasa a otros hermanos. Eso es lo que la Biblia nos enseña. La comunión es la base, si nosotros cada día vamos alejándonos tendremos más y más distanciamiento. Si perdemos la comunión habrán pequeñas islas trabajando por separado.

¿Ha valido la pena el tiempo que dedicó a trabajar a tiempo completo. Tomando en cuenta que los evangelistas no tienen el beneficio de una jubilación, un seguro de vida, seguro social y otras ayudas de un empleo secular?
Para mí sí vale la pena los sufrimientos que he tenido. Solo espero que Dios me dé la fuerza para seguir trabajando. No solo vale la pena lo que hice atrás, sino lo que aún puedo hacer. Me siento feliz que tuve la oportunidad de predicar el evangelio en Honduras y fuera del país. Y como le digo, con o sin dinero siempre estoy dispuesto a luchar porque tengo tanta familia, tantos vecinos, tantos amigos… por eso tengo la mente de Pablo: no hay ninguna excusa para no predicar el evangelio.

¿Cómo debe ser la esposa para que el predicado tenga éxito? No necesariamente que convierta muchas personas, sino que goce de buena reputación e influencia en la iglesia.
Gran parte del éxito del predicador es que sea uno con su esposa. Si él tiene buena voluntad para la obra, pero ella no, entonces será el más grande tropiezo para el predicador. También es importante en el hogar: Si yo salgo, ella queda al mando. Si no hay comunión entre los esposos no hay crecimiento espiritual en el hogar. He visto hermanos que con gran deseo colaboran en la predicación, pero al llegar al hogar encuentra un ambiente dominado por situaciones carnales que no ayudan a la comunión entre los esposos.

¿Considera que la obra en Honduras se ha mantenido, crecido o decaído?
(De nuevo deja escapar un profundo suspiro) Se ha mantenido. Las congregaciones que quedaron se quedaron. Por ejemplo San Pedro Sula, una obra que costó mucho sacrificio y que gracias a Dios sigue perseverando. Igual pasa con la congregación en Tegucigalpa y Danlí. Iglesias como estas se mantienen. En las comunidades o aldeas se mantienen unas pocas personas perseverando.

¿Será que hay miembros que siguen al predicador y cuando él sale ellos dejan de perseverar?
Durante mi tiempo en el evangelismo he tratado de enseñar que no deben poner la mirada en el predicador, porque en la iglesia todos somos iguales. No debemos pensar que si no está el hermano tal todo se terminó. Recuerdo que cuando el hermano Tony Melton se retiró de Honduras muchos se sintieron deprimidos y algunos se retiraron. Lo más lindo es que la obra quedaba en Honduras, no se la llevaban. Agradecemos a los hermanos estadounidenses que compartieron el evangelio con nosotros. Espero que los cristianos cambiemos esa mentalidad y sepamos que tenemos a quién seguir: a Jesucristo.

¿Cree que algún día la iglesia en estos países logre ser autosuficiente? ¿Por qué será que las iglesias se ven lejos de sostener económicamente a sus evangelistas?
Todavía no hemos logrado comprender lo suficiente, porque la iglesia tiene miembros como para sostener una obra, pero la iglesia no se caracteriza por miembros dadivosos que van a ofrendar completamente de acuerdo a como han prosperado. Es cierto que la mayor parte de las iglesias están formadas por miembros pobres, pero aún así la obra podría mejorar. La contribución como enseña Pablo no se cumple a cabalidad dentro de la iglesia del Señor.

Otro problema que se ve en el cuerpo de Cristo. Hay niños y niñas que han nacido y crecido dentro de la iglesia, ¿por qué será que el mayor porcentaje no persevera?
Mucho se debe a la falta de enseñanza por parte de los padres. Si usted ama a su hijo desde pequeño lo va a instruir. No debe pensar que cuando crezca busque la forma de cómo obedecer. En mi caso, el único de mis hijos que se ha separado es el varón mayor. Él obedeció y perseveró, pero luego decidió vivir en el pecado y entonces tuve que sacarlo. El amor me ayudó para compartir con ellos la palabra. Conocimos niños que los cargamos en brazos y hoy no están en la iglesia sino que andan en el pecado. ¿Quién tiene la culpa? Nosotros como padres. Si ya viejo el hijo se aparta no tengo la culpa, pero debemos cumplir la responsabilidad de enseñarles. No esperemos que busquen a Dios cuando estén adultos, el designio de los hijos debe empezar con nosotros los padres. Hay muchos hermanos con trayectoria, pero que sus hijos no perseveran.

Hay iglesias de muchos años y con un buen liderazgo. ¿Cree que los hermanos piensan en ser llegar a ser ancianos de la iglesia algún día? ¿Se estarán preparando para eso? ¿Hay esperanza de llegar a tener iglesias con el oficio de ancianos?
La falta de enseñanza es la razón para no preocuparse o llegar a ese punto. Cuando estudiamos los requisitos de un anciano, creo que si alguien tuviera ese deseo y se esforzara y se le ayudara, pienso que sí podrían establecerse ancianos en la iglesia local. Si usted lleva a su hijo por buen sendero, si conversa con su esposa acerca de cómo debe comportarse y conducirse, entonces podría optar a ser anciano. No solo en otros lugares puede haber ancianos, en Honduras también es posible. En mi caso, nunca se me pasó por la mente llegar a ser un anciano. Yo entré con el pensamiento de “tengo fe en Dios y voy a trabajar hasta donde me lo permita”. Me deshice de todas las posesiones: mi casa, mi tierra, animales, de todo, porque mi propósito era predicar, pero nunca pensé “voy a ser un anciano”. Uno cree que ser anciano es algo inalcanzable.

¿Algunas palabras para finalizar?
Estoy agradecido con Dios y con todos los hermanos con quienes he compartido el trabajo de la obra. No resiento de nada ni de nadie. Siempre estoy dispuesto a colaborar con lo poco que pueda en cualquier lugar. Ahora estoy contento con iglesias como Danlí y La Ideal porque me han socorrido en mi necesidad. Nunca se me pasó por la mente pedir alguna ayuda a alguna congregación. Me envejecí y pude hacer lo que pude hacer. Ni Estados Unidos, Guatemala, Honduras o El Salvador han de tener una carta donde pido para mis necesidades. Las sufrí con gozo espiritual. Ha sido un gozo y honra saber que logré salir adelante. Estoy agradecido con todos los hermanos que me han apoyado y especialmente con mi familia. No es que tenga la esposa perfecta, pero ella ha sido mi brazo derecho en todo momento. Ruego a mis hermanos sus oraciones para restablecer mi salud y seguir colaborando en este departamento.

Nos despedimos del hermano y regresamos a Danlí en compañía del hermano César, Francisco Morazán, y Rony. Durante 25 años el hermano Virgilio trabajó a tiempo completo como evangelista y vivió en distintos lugares: Quebrada Larga, El Zapotillo, El Paraíso y Siguatepeque.

Creo que es importante para la iglesia conocer un poco más acerca del proceso de su formación en este país y también escuchar voces como la del hermano Virgilio que analicen su actual situación y sus retos.

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Publicado en Entrevista
One comment on ““Sufrí con gozo espiritual mis necesidades”
  1. 4ugust dice:

    Que gran bendicion este testimonio, una motivación para no desistir sino perseverar en la obra de Dios.

    Dios les bendiga

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